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Lo primero será escoger el tamaño del cigarro que se va
a fumar y esto dependerá del tiempo del cual disponga; para después de
una comida o cena puede encajar alguno de gran calibre; después del desayuno
o en los entreactos, un cigarro fino y corto puede ser adecuado.
En cuanto a la suavidad o fortaleza, es usted quien deberá ir seleccionando
los cigarros de su preferencia.
El corte
Después de comprobar que el cigarro escogido está en buen estado, sin
ninguna rotura en la capa, aspire el aroma por la parte final que es donde
lo notará en su mayor intensidad. Para cortarlos le recomendamos la guillotina
de una o dos hojas, la tijera o la cuchilla circular, asegurándose antes
de que estén bien afiladas; el corte debe hacerse de tal manera que no
se elimine totalmente la perilla que sujeta el enrollado de la capa. Nunca
lo corte con los dientes por muy auténtico y campesino que quiera usted
parecer: desgraciará el habano sin duda alguna.
El encendido
Con un fósforo de madera es la forma más tradicional, pero un mechero
de gas también es aceptable. Los de gasolina hacen que su olor penetre
en el cigarro; la vela de cera, aún más.
Hágalo despacio: acerque la llama al extremo del cigarro hasta que se
chamusque ligeramente, sóplele un poco; lléveselo a los labios, póngale
la llama y aspire mientras le da vuelta entre sus dedos. Cerciórese de
que el encendido ha quedado uniforme.
Fumándolo
No inhale el
humo, sino paséelo por su paladar relajadamente, disfrutándolo. No lo
sumerja en una taza de café, en una copa de whisky, ni en ninguna otra
bebida. No tire la ceniza constantemente, deje que se caiga o sacúdala
cuando haya crecido. Si se le apaga, tire la ceniza y enciéndalo otra
vez.
Al acabar no lo estruje contra
el cenicero; colóquelo en él y deje que se apague.
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