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Desde que Cristóbal Colón, en su Segundo Viaje, viera
a unos nativos fumando unos extraños y rústicos tizones de tabaco,
la historia de esta planta y sus labores ha quedado indisolublemente
unida a la isla de Cuba.

La maravillosa mezcla de sol, clima, tierra y conocimiento,
unida a un proceso en su mayoría manual y artesano, no han hecho
sino perfeccionar, hasta hacer inigualable, el tabaco de esta tierra,
el mejor tabaco del mundo.
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